Había una vez, esperen que no me acuerdo, porque si había una vez, digo que hubo una y dos y tres Una noche de primavera, esas iluminadas con luciérnagas que son unas linternas mínimas que usan las estrellitas.
Hacía un calor!!! un calor como para tomar un helado de frutilla con la lengua caliente sentada en un banco de la plaza. Yo estaba en un ciudad muy misteriosa, Cruz del Eje en una provincia , muy de verano, Córdoba.
La noche era apacible y las chicharras no dejaban dormir. A mi alrededor todo era quietud y en el aire flotaba un no sé qué extraño y fascinante. El cielo estaba totalmente despejado y me pareció un océano lleno de preguntas y estrellas fugaces.
De pronto, sin saber por qué, me dieron unas ganas bárbaras de mirar la luna. La busqué y la busqué con la mirada, y nada. No se la veía por ningún lado. Me puse un par de anteojos, y nada. Pensè que tenía un raviol en cada ojo. Me los saqué, los limpié cuidadosamente, me los volví a poner... nada.
Recordé que mi papá me había regalado telescopio portátil. Me pasé un rato largo mirando el cielo a través de su lente, pero la luna no aparecía por ningún lado. Vieron que la luna a veces se parece a un queso lleno de agujeros, otras una medialuna, y otras papel glase.
Había estrellas de colores, amarillas, rojas, anaranjadas y violetas, de color fucsia y ... Estrellas, un montón. Pero la luna no estaba. Me fijé en el almanaque. Era un día de luna llena. ¿Cómo podía ser que no estuviera? ¿Dónde se habría metido? En algún lugar tenía que estar.
Mi abuela me contó que la luna suele ir a una plaza de Belgrano, cerca del río, y siempre se esconde entre los alcanforeros, así que decidí esperar. A lo mejor venía de jugar, ella siempre sale a jugar con dos perras de Nuñez.
Esperé con ganas, con impaciencia., con curiosidad, ansias, asombro, ganísimas..!!! Esperé y esperé.
Entonces me tapè los ojos y contaba hasta diez y luego!!!! paffff me sacaba las manos!!!
Me serví un te, nunca nadie había faltado a una cita. Lo bebí lentamente. Cuando lo terminé de tomar la luna seguía sin aparecer. Me serví otro te y llamè a mi mamá.
La luna...ni noticias... Se me había terminado el té. Paciencia por suerte todavía tenía.
Llamè a un atrónomo . Eclipse no había. Pero de la luna, ni rastros. Volví a tomar el telescopio. Enfoqué bien, en todas las direcciones posibles.
El cielo nocturno era maravilloso y saben què ? Adivina Adivinador!!!!
.Ahí a lo lejos, entre tantas galaxias con tantas estrellas y tantos había un pequeño planeta con un cartelito hecho en letra manuscrita, que decía "Tierra".
Le di mayor aumento al lente y vi que en la terraza de mi casa todavía estaba colgada la ropa que me había sacado antes de ponerme el traje de astronauta.
Adentro, en el comedor, los chicos comían ravioles con tuco y miraban un noticiero por televisión. En ese momento justo estaban mostrando una foto mía y el Servicio de Investigaciones Espaciales informaba que yo había alunizado sin dificultades.
Me tranquilicé y me quedé afuera, disfrutando serenamente de la noche, mirando todo con la boca abierta, pensando en vaya a saber qué, tan distraída como siempre, totalmente en la luna.

No hay comentarios:
Publicar un comentario